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Vayan, pero vayan como uno

Jurie Kriel 06 Dic 2023

Como Movimiento de Lausana, hay una pregunta que arde en nuestros corazones:

¿Cómo será el año 2050 en cuanto al avance y cumplimiento de la Gran Comisión?

Al preguntarnos esto, somos llevados atrás a la última noche que Jesús pasó con sus discípulos (Marcos 16:14-19). Somos invitados a esta sala donde Jesús dio a su iglesia su mayor misión y su mayor llamado. Estoy convencido de que nosotros, como iglesia mundial, estamos anclados en este llamado: el llamado a la unidad.

Unidad. No ninguno ni dos. Distintos, pero indistinguibles. Íntimos mutuamente. Donde la relación, manteniéndonos humildes y enseñables, es la demostración y proclamación del evangelio. En pocas palabras, es la creencia fundamental de que juntos somos mejores, de que actuar juntos es nuestra mejor respuesta a la Gran Comisión.

actuar juntos es nuestra mejor respuesta a la Gran Comisión.

De esto se tratan los equipos de acción colaborativa. Se trata de actuar, de trabajar en el cumplimiento de la Gran Comisión, no como individuos sino juntos. Se trata de reunir personas en el contexto más pequeño posible, movilizarlas para cumplir la Gran Comisión y actuar en ese sentido. Estos equipos existen específicamente para abordar la falta de colaboración y conexión con los recursos adecuados que experimentamos en la iglesia mundial. Esto me recuerda por qué me fascinan tanto los caballos de tiro cuando pienso en la colaboración.

Los caballos de tiro son animales increíbles. Tienen la capacidad de arrastrar inmensas cargas de peso y eran (y siguen siendo en algunos contextos) fundamentales para llevar una gran carga a una gran distancia. Se dice que uno de estos poderosos animales puede arrastrar unas 8.000 libras de peso. Ahora bien, si uno tiene dos caballos de tiro, entonces podría duplicar la cantidad de peso que pueden arrastrar, ¿verdad? ¡No! En realidad, dos caballos de tiro trabajando juntos no serían capaces de tirar de 16.000 libras de peso entre los dos, ¡sino 24.000 libras! Mejor aún, si uno entrena a estos caballos para que trabajen juntos y realmente se apoyen en las fortalezas del otro, podrán arrastrar 32,000 libras juntos. Amigos, nosotros como iglesia mundial también seremos más eficaces cuando trabajamos juntos.

 “No pido sólo por ellos, sino también por los que creerán en mí cuando escuchen su mensaje. Te pido que se mantengan unidos entre ellos, y que así como tú y yo estamos unidos, también ellos se mantengan unidos a nosotros. Así la gente de este mundo creerá que tú me enviaste.

Juan 17:20-21 NVI

Pero ¿por qué equipos de acción colaborativa? ¿Por qué deberíamos utilizar esta nueva forma de pensar con relación al cumplimiento de la Gran Comisión, especialmente de cara a 2050? En términos simples, estamos tratando de movilizar y equipar a todos los participantes en el congreso para que se comprometan a colaborar como parte de un equipo. Esto significa que todos los participantes se comprometen a trabajar juntos y a actuar con sabiduría para cumplir la Gran Comisión. Fundamentalmente se trata de la creencia de que juntos somos mejores. Dos personas trabajando juntas pueden hacer mucho más que dos personas trabajando separadas. Esto es esencialmente lo que creo que Jesús tenía en mente en Juan 17 cuando oró para que fuéramos uno y el mundo supiera que somos sus discípulos por la unidad que tenemos. El cuerpo de Cristo, trabajando en unidad, acelera el evangelio.

Tampoco tenemos que buscar muy lejos en las escrituras para verlo teniendo efecto de una manera muy práctica y poderosa. Mirando a los 12 hombres que Jesús identificó para construir su iglesia, podemos ver los ingredientes de un equipo de acción colaborativa. Ellos colaboraron, construyeron equipos. Si leemos los evangelios, dondequiera que iban, formaban un equipo y la gente colaboraba en el cumplimiento de la Gran Comisión. Solo puedo imaginar las infinitas conexiones y posibilidades que Jesús vio cuando comisionó a los doce hasta «el fin del mundo». Hoy, en un mundo muy diferente al de los discípulos, este llamado sigue vigente.

Históricamente, la iglesia mundial está más conectada y cuenta con más recursos, con más posibilidades de hacer avanzar el evangelio que nunca. No faltan recursos en la iglesia mundial. No faltan procesos, programas, planes ni estrategias. No hay falta de comprensión de la magnitud de la tarea que la iglesia tiene por delante. No hay falta de conexión con la gente. De hecho, vivimos en una época en la que estamos más conectados que nunca con más personas que nunca. Entonces, si esto es cierto, ¿por qué seguimos sin cumplir la Gran Comisión?

El mundo en 2023 exhibe la desalentadora dicotomía de vivir en un mundo de infinitas conexiones posibles mientras nos encontramos en un desierto de conexiones verdaderas.

Ley de Martec: La tecnología cambia exponencialmente (rápido), pero las organizaciones cambian logarítmicamente (lento). La dirección debe elegir estratégicamente qué cambios tecnológicos adoptar, dado que el ancho de banda para absorber los cambios organizativos es muy limitado. – Amarillo: La tecnología cambia a un ritmo exponencial; Azul: Las organizaciones cambian a un ritmo logarítmico. – Esta brecha de cambio se amplía con el tiempo, lo que finalmente requiere un «reinicio» de la organización.

El mundo en 2023 exhibe la desalentadora dicotomía de vivir en un mundo de infinitas conexiones posibles mientras nos encontramos en un desierto de conexiones verdaderas. Esto expone un peligro potencial que va mucho más allá de un «mundo conectado» y revela el peligro de que la iglesia tenga que luchar por su pertinencia en un mundo que cambia rápidamente. La ley de Martec (ver la imagen) ha arrojado una luz muy necesaria sobre el efecto que esto tiene en las organizaciones y, en nuestro caso, en la iglesia.

La Ley de Martec es el principio según el cual, mientras que los cambios en la tecnología se producen muy rápidamente, los cambios en las organizaciones no. A las organizaciones les resulta cada vez más difícil adaptarse al ritmo de cambio del mundo que las rodea y, en consecuencia, se vuelven irrelevantes. Se están volviendo irrelevantes no porque su mensaje sea obsoleto o porque las personas a las que quieren impactar hayan cambiado tan drásticamente, sino porque no han sido capaces de ajustar el método para que su mensaje siga llegando a quienes quieren impactar. ¿Qué significa esto para la iglesia mundial?

Nos vemos obligados a responder a la siguiente pregunta: ¿Cómo están influyendo las realidades rápidamente cambiantes que nos rodean para que la iglesia responda a estos retos con la Gran Comisión como fuerza motriz? Creemos que la colaboración es la respuesta en un mundo de infinitas conexiones posibles y creciente aislamiento. Personas, allí donde estén, trabajando juntas para acelerar la Gran Comisión.

¿Qué haría falta para terminar la Gran Comisión? ¿Cómo podríamos llegar a todas las personas, en todas partes? La respuesta: colaboración. La colaboración es eficaz. Difícil, sí, pero necesaria. Nuestra unidad, nuestra colaboración, es lo que Dios utiliza para poner en marcha la revelación de Jesús a este mundo. La colaboración es nuestra respuesta. La unidad es nuestra razón.

Al mirar al futuro, a cómo será nuestro mundo en 2050, nos retrotraemos a algunas de las últimas palabras de Jesús a sus discípulos:

“Cuando se encontraron con él, lo adoraron, aunque algunos de ellos todavía dudaban de que realmente fuera Jesús. Pero él se acercó y les dijo: ‘Dios me ha dado todo el poder para gobernar en todo el universo. Ustedes vayan y hagan más discípulos míos en todos los países de la tierra. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.  Enséñenles a obedecer todo lo que yo les he enseñado. Yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo’”.

Mateo 28:16-20 (NVI)

Ahora, más de 2000 años después de aquella fatídica noche, somos enviados nuevamente a reunir a su pueblo para que sea uno. Su toque de clarín suena para su Ecclesia: Vayan, pero vayan como uno.