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La mesa compartida

un espacio para la colaboración en la traducción bíblica en América Latina

David Cárdenas 15 Feb 2026

Introducción

La Biblia presenta una constante dinámica:  Dios convoca a su pueblo a estar en comunión, lo orienta en el discernimiento de Su voluntad y lo guía en el cumplimiento de Su misión a todas las naciones. En América Latina, esta dinámica ha tomado forma en las mesas nacionales de traducción y uso de la Biblia, que son espacios de encuentro, diálogo y colaboración que han sido cultivados desde 2018 con el apoyo de la Alianza Global Wycliffe y otros ministerios.  Estas mesas se han convertido en un espacio para inspirar un modo fresco de colaboración en torno a la traducción de la Biblia.

Este artículo pretende dar a conocer cómo el peregrinaje de las mesas nacionales se inspira en las mesas de la Biblia y a su vez invita a cultivar una colaboración basada en valores del Reino de Dios, ofreciendo historias que ilustran su impacto.

1. La mesa en la Biblia, un símbolo de comunión y misión

El relato bíblico es abundante en mesas que reflejan la relación entre Dios y su pueblo. En el Edén, Adán y Eva disfrutaron de los frutos que Dios puso a su disposición (Gn. 2:16-17). En Mamre, Abraham sirvió pan y carne a tres visitantes, y en ese acto de hospitalidad experimentó la confirmación de las promesas divinas (Gn. 18:1-8).

Cada familia del pueblo de Israel conoció mesas que recordaban la liberación de Egipto en la Pascua (Éx. 12), la provisión de maná en el desierto (Éx. 16) y la presencia de Dios en el tabernáculo con la mesa de los panes de la proposición (Éx. 25:23-30). El salmista pudo decir: “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores” (Sal. 23:5), convencido de que Dios provee cuidado alrededor de la mesa en medio de la adversidad.

Jesús llevó la mesa a un nivel mayor: compartió con fariseos y pecadores, con ricos y pobres, con hombres y mujeres, con sus discípulos.  En cada oportunidad modeló una gracia escandalosa que incluía a quienes otros excluían, daba voz a los silenciados y desplegaba atmósferas de consuelo y restauración. Esta forma de encuentro también la colocó en sus parábolas para mostrar el Reino de Dios.  Su última cena selló el nuevo pacto (Lc. 22:14-20) y, tras resucitar, se dio a conocer al partir el pan en Emaús (Lc. 24:30-31).

La mesa es una inspiración para que las mesas misionales actuales sean espacios de gracia, celebración, multiculturalidad y misión.

Finalmente, la historia bíblica culmina con una mesa profética para todas las naciones: la cena de las bodas del Cordero (Ap. 19:6-9).  Esta mesa es una inspiración para que las mesas misionales actuales sean espacios de gracia, celebración, multiculturalidad y misión.

La mesa, entonces, es un símbolo que nos enseña a vivir en comunión y misión.

2. Mesas de traducción y uso de la Biblia: dinámicas de colaboración en Latinoamérica

Tal como en la Biblia la mesa representa el espacio de acogida, comunión y diálogo, nuestras mesas misionales están llamadas a manifestar esos mismos valores.

Integrar el significado de la mesa a los trabajos en la misión de Dios puede requerir cambios radicales, y maneras renovadas de pensar y actuar con otros, por ejemplo, ceder el control, tomar decisiones conjuntamente, tomar tiempo para profundizar la confianza, entre otros.

En América Latina, esta forma de encuentro ha cobrado fuerza con la creación de mesas de traducción y uso de la Biblia. Son lugares donde líderes de iglesias, organizaciones locales e internacionales, comunidades indígenas y movimientos cristianos se reúnen para discernir y avanzar juntos en función de una visión compartida.  Estas mesas no son una organización más con una jerarquía tradicional, sino comunidades de confianza donde se fomenta la amistad, el diálogo y la responsabilidad compartida.

Estas surgieron como una respuesta a un crecimiento exponencial de la participación de la iglesia y ministerios en el movimiento de traducción de la Biblia, y el desafío de cómo podían dialogar y colaborar mejor, en un contexto de misión con múltiples voces y centros de influencia.  También como un deseo de superar tensiones históricas tales como, dinámicas desbalanceadas de poder, competencia por proyectos, duplicidad de esfuerzos, falta de inclusión y poco diálogo. Se buscó cultivar un tercer espacio1, donde las personas pudieran reunirse en un ambiente neutral, no controlado por alguna organización en particular y con un lenguaje de amistad.

En la mesa, sentimos que podemos escucharnos como hermanos, ser tomados en cuenta con dignidad y trabajar juntos para que la Palabra llegue a nuestros pueblos.

Un líder indígena en Colombia lo expresó así en una reunión: “Por años nos vimos como personas que cumplían servicios lingüísticos para profesionales en la traducción. En la mesa, sentimos que podemos escucharnos como hermanos, ser tomados en cuenta con dignidad y trabajar juntos para que la Palabra llegue a nuestros pueblos.”

Hoy, 14 países en América Latina cuentan con mesas, y cada una se desarrolla según su propio contexto. Estas involucran a más de 200 líderes de más de 160 organizaciones. En Panamá, por ejemplo, además de la mesa nacional, una sub-mesa indígena nació en septiembre de 2025 para fortalecer la colaboración entre las iglesias Ngäbe-Buglé. En Argentina, la mesa nacional reúne líderes de distintas provincias para compartir sobre sus trabajos con la Biblia. 

Cada mesa se organiza de manera sencilla, con un equipo facilitador de 3 a 4 personas que promueven entre el grupo la “Cultura MESA”.  También un equipo periférico de 14 líderes de ministerios regionales2 ofrecen influencia, mentoría y entrenamiento permanente a todas las mesas.

3. La Cultura MESA: valores que sostienen la colaboración

La riqueza, innovación e impacto de las mesas radica en la cultura que encarnan. Esta cultura se elabora en torno a diez valores que reflejan dinámicas del Reino de Dios, los cuales fueron el resultado de un proceso de diálogo participativo durante dos años con varias mesas. Los valores son: cultivar la amistad, tratar con respeto, honrar la diversidad, construir confianza profunda, practicar el diálogo, rechazar la competencia o duplicación de esfuerzos, promover la unidad, practicar hospitalidad idiomática, colaborar bien, dar y recibir generosamente.

Los valores encarnados tienen el poder de transformar la manera como pensamos y trabajamos con otros. Por eso, cada mesa nacional está en un proceso permanente de recordar y afianzar estos valores.   Con base en esto, las mesas están en un camino continuo de crear y sostener dinámicas de colaboración orgánica según la visión compartida y necesidades de su contexto. Colaborar bien no es solo cuestión de aplicar herramientas, también tiene que ver con las actitudes desde corazones transformados por Dios.

Los valores no son simplemente principios abstractos; se deben demostrar en la manera cotidiana en que se da la colaboración entre los miembros de las mesas.  Cuando se cultiva el valor de la amistad, se fortalecen los vínculos que permiten caminar juntos a pesar de las diferencias. El valor del respeto asegura que cada voz, desde líderes nacionales hasta comunidades locales, sea escuchada y valorada. Honrar la diversidad abre espacio para que iglesias, organizaciones y pueblos indígenas aporten sus dones únicos al colaborar.  La confianza profunda facilita la transparencia en las decisiones y en el manejo de tensiones.

El valor de practicar el diálogo permite discernir la voluntad de Dios de manera colectiva. La unidad se convierte en un testimonio ante la iglesia y la sociedad.

El valor de practicar el diálogo permite discernir la voluntad de Dios de manera colectiva. Rechazar la competencia o la duplicación de esfuerzos orienta a trabajar en complementariedad en lugar de rivalidad. La unidad se convierte en un testimonio ante la iglesia y la sociedad. La hospitalidad idiomática dignifica a cada persona al comunicar o entender según su realidad. Dar y recibir generosamente convierte a la mesa en un espacio donde todos comparten y todos son enriquecidos.

Los valores son el tejido que sostiene y da vitalidad a una colaboración dinámica en cada mesa nacional.   La existencia de una mesa de diálogo cualquiera sea el contexto, no asegura que la colaboración sea genuina.  La manera como se facilita el proceso y los valores son lo que marca la diferencia.

La Cultura MESA se ilustra en el siguiente diagrama. Cada una de sus partes tiene un significado e implicación práctica para la mesa como un espacio de colaboración. 

La tapa o superficie de la mesa representa el propósito y el sueño que un grupo pretende alcanzar. Ayudará a las personas a mantenerse alineadas con la causa que los reúne. En el caso de nuestras mesas, el enfoque es “Dios y Su Palabra”.  Esta imagen no es decorativa, sino profundamente teológica ya que nos recuerda que la colaboración misional tiene una dimensión espiritual. No estamos simplemente construyendo alianzas humanas, sino respondiendo a una invitación de Dios.

Para dar forma práctica a esta cultura, las mesas se apoyan en cuatro pilares, que forman el acrónimo MESA: Misión, Estructura, Salud y Acción

  • M de Misión: define el propósito y orienta todas las conversaciones y colaboraciones.
  • E de Estructura: organiza la participación, garantiza la polifonía y la hospitalidad idiomática.
  • S de Salud: cuida las relaciones y previene tensiones que puedan dañar la confianza.
  • A de Acción: impulsa proyectos colaborativos y decisiones compartidas.

El Equipo Periférico y los equipos facilitadores nacionales realizan un trabajo permanente para diagnosticar y trabajar intencionalmente en el fortalecimiento de cada pilar.

4. Historias que inspiran

Son varias las historias de colaboración en las mesas. Algunas recientes son:

  • Guatemala: En 2025, la mesa nacional se organizó para colaborar en una serie de diez programas de televisión donde compartieron con audiencias cristianas la visión de la traducción bíblica. Los programas llegaron a miles de hogares con un mensaje claro: la Palabra de Dios debe estar disponible en cada lengua de Guatemala
  • Perú: El segundo retiro de la Mesa de Perú reunió a 22 representantes de organizaciones indígenas, nacionales e internacionales en julio de 2025. Allí se actualizó la data lingüística del país, identificando avances y necesidades en más de 40 lenguas sin la Biblia completa, lo que renovó la visión compartida y abrió caminos de acción conjunta. El retiro se financió con recursos nacionales, mostrando unidad y generosidad.
  • Brasil: La segunda conferencia nacional de la Mesa de Brasil (APTB), realizada del 24 al 26 de julio de 2025 en Sao Luís, Maranhão, reunió a cerca de 400 pastores, líderes y jóvenes bajo el lema La Biblia para todos los pueblos. Un momento impactante fue cuando, en respuesta a la oración de una iglesia, dos jóvenes se comprometieron a servir en traducción de la Biblia en el Sudeste Asiático; de inmediato se cubrieron los costos de su capacitación, y poco después un miembro de la iglesia completó lo que faltaba para sus pasajes aéreos. Esta experiencia confirmó el deseo de las iglesias de no ser simples espectadoras, sino de involucrarse activamente en la misión de llevar la Palabra a todos los pueblos.
  • Colombia: Mediante un esfuerzo generoso y comprometido, varios ministerios juntaron su data nacional para crear una única base de datos que guía las decisiones de la mesa. Varios nuevos proyectos de traducción han iniciado gracias al espíritu de amistad, diálogo y colaboración que se ha fomentado por medio de la mesa.

Conclusión: un llamado a sentarnos juntos

La experiencia de estas mesas en América Latina nos muestra que la colaboración es posible cuando nos sentamos a la mesa que Dios prepara. Allí no se anteponen las jerarquías o títulos, sino la amistad; no hay competencia, sino confianza; no hay exclusión, sino hospitalidad. Los valores del Reino de Dios ayudan a construir esta cultura. La mesa es un recordatorio de que la misión no se trata de proyectos o indicadores de éxito, sino de caminar juntos como pueblo de Dios y hacer Su voluntad.

la colaboración es posible cuando nos sentamos a la mesa que Dios prepara

La mesa nos enseña que en la misión de Dios:

  • Es un espacio de escucha, donde las voces deben ser valoradas.
  • Es un espacio de generosidad, donde compartimos lo que somos y tenemos.
  • Es un espacio de reconciliación y de promoción de la paz.
  • Es un espacio profético, que anticipa el gran banquete del Reino.  Nuestras mesas hoy son ensayos de ese banquete, donde habrá justicia, gozo y comunión perfecta con Cristo.

El desafío para la iglesia y los ministerios cristianos hoy es ampliar nuestra acogida y reconocer que la misión de Dios es más grande que nuestras agendas individuales. Que cada mesa en nuestros hogares, iglesias y ministerios sea un testimonio del amor de Dios y la bendición de colaborar en Su misión.

Endnote

  1. Tercer espacio se refiere a un entorno social distinto de los dos entornos sociales habituales, como el hogar («primer lugar») y el lugar de trabajo («segundo lugar»), es decir, un lugar distinto de los lugares  donde la persona vive y trabaja. Este concepto se ha estado utilizando en misiones cuando se involucran esfuerzos desde diversos contextos culturales y organizacionales que trabajan juntos en la misión de Dios.
  2. Entre ellos: Alianza Global Wycliffe, Movimiento de las 3 Olas, SIL Américas, La Fe viene por el Oír, JAARS, Sociedad Bíblica de Brasil, Global Partnerships.

Biografía del autor

David Cárdenas

Es doctor en Ministerio por el Seminario Teológico de Nueva York e Director para el Área de las Américas de la Alianza Global Wycliffe. Pastor del Departamento Global de la Iglesia Vida en Acción - Cruzada Cristiana en Bogotá. Entre 2015 y 2021 sirvió como presidente de COMIBAM Internacional.

Durante su trayectoria de servicio en la Gran Comisión y en la traducción de la Biblia en las Américas, ha impulsado mesas de diálogo colaborativo y procesos de cooperación entre iglesias, organizaciones y redes misioneras a nivel local y regional. Además, se desempeña como entrenador y consultor en liderazgo, colaboración y misiones.