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Canadá celebra 50 años de multiculturalismo

El 8 de octubre de 2021, Canadá celebró el 50º aniversario de la adopción del multiculturalismo como su política federal oficial con relación a la diversidad social. Al reconocer este importante hito, el primer ministro Justin Trudeau declaró:

La diversidad de los canadienses es una característica fundamental de nuestra herencia e identidad. Durante generaciones, los recién llegados de todo el mundo, de todos los orígenes, etnias, credos, culturas e idiomas, han venido a Canadá con la esperanza de convertirlo en su hogar. Hoy en día, además de las naciones originarias, los métis y los inuit, personas de más de 250 grupos étnicos llaman a Canadá su hogar y celebran su herencia cultural con orgullo: son el corazón de nuestro éxito como país vibrante, próspero y progresista.[1]

Por cierto, la introducción de esta política en 1971 coincidió con un cambio en las tendencias de la inmigración, ya que por primera vez la mayoría de los nuevos inmigrantes eran de ascendencia no europea, un precedente que ha persistido desde entonces.[2]

la iglesia multicultural resulta atractiva como vía para ser un testigo pragmático del corazón de Dios para las naciones.

Lo que significa el multiculturalismo para la iglesia canadiense

Para la iglesia canadiense, el multiculturalismo ha permitido conservar las congregaciones de herencia étnica inglesa, escocesa, alemana, holandesa o menonita que han dado forma al protestantismo canadiense, así como aumentar su diversidad dentro del cuerpo de Cristo. En cualquier domingo, se celebran cultos en cantonés, mandarín, español, coreano, tagalo, suajili y urdu. El multiculturalismo también se presenta como una oportunidad para reflejar Apocalipsis 7:9 como una realidad del reino en nuestro tiempo. Con la previsión de que 400.000 inmigrantes lleguen anualmente a las costas de Canadá en los próximos tres años,[3] la iglesia multicultural resulta atractiva como vía para ser un testigo pragmático del corazón de Dios para las naciones.

No obstante, la eficacia y la pertinencia de la iglesia multicultural han sido tema de debate durante casi veinte años. Por ejemplo, Mark Naylor, de Centre for Intercultural Leadership Development, afirma: “Aunque aplauda esta visión, apoye el esfuerzo y simpatice con las luchas interculturales que inevitablemente surgen, me permito discrepar con quienes promueven esta forma de iglesia local como más conforme con el ideal del Nuevo Testamento que otras iglesias menos diversas étnicamente”.[4] Sostiene que defender las congregaciones multiculturales como la “verdadera” iglesia en lugar de las congregaciones monoculturales promueve la perspectiva del cuerpo de Cristo como ya sea universal o local en lugar de simultáneamente universal y local, lo cual permite una expresión multicultural más bíblica de la fe cristiana.

En contraste, Sam Owosu, pastor principal de Calvary Worship Centre, la mayor iglesia multicultural del área metropolitana de Vancouver, Columbia Británica, presentó el siguiente argumento en el Simposio para Iglesias Intencionalmente Multiculturales de 2002:

¿Qué significa para la iglesia de Jesucristo vivir y dar su testimonio en un mundo multicultural? Nuestro mundo, nuestro país y nuestras comunidades están cambiando rápidamente a nuestro alrededor. Y la iglesia se encuentra como un espectador cultural desconcertado ante este cambio multicultural… ¿Por qué desconcertado? A decir verdad, la mayoría de las congregaciones cristianas son homogéneas y etnocéntricas… La forma en que la iglesia de Jesucristo afronte la rapidez y la complejidad de este ethos multicultural y posmoderno dirá al mundo si tiene motivos para escuchar el mensaje que proclamamos… No debemos perseguir la diversidad racial o cultural simplemente porque es políticamente correcto o porque es la última moda teológica. Debemos hacerlo porque es el evangelio.[5]


Intercultural Church: A Biblical Vision for the Age of Migration by Safwat Marzouk

Safwat Marzouk afirma, en Intercultural Church: “Si bien el multiculturalismo es un gran paso hacia la aceptación de las diferencias culturales y lingüísticas, la preocupación es que las personas terminen formando islas dentro de la misma comunidad mientras evitan un compromiso profundo entre ellas”.[6]

El reto para que las iglesias canadienses experimenten la unidad del reino en medio de la diversidad radica en la realidad ontológica y la política social del multiculturalismo canadiense, que, irónicamente, es lo que motiva a los cristianos canadienses a ser hospitalarios y acogedores con el extranjero y el forastero en primer lugar. El estudio de la epistemología del multiculturalismo muestra que los valores del multiculturalismo canadiense —acomodación, tolerancia y coexistencia— son contrarios a la consecución de una comunidad intercultural inspirada en el Reino. Invito al lector a reflexionar sobre los siguientes valores multiculturales:

  1. La acomodación es funcionalmente hacer o compartir el espacio con el extraño sin crear un sentido de pertenencia.
  2. La tolerancia es el reconocimiento de los valores, creencias o prácticas del otro sin una verdadera aceptación o comprensión.
  3. La coexistencia promueve la idea de la igualdad a costa de algo auténticamente común.

Quiero dejar en claro que no pretendo menospreciar la política multicultural de Canadá, sino que afirmo que no está a la altura del ideal de reino que Dios tiene para su ecclesia, o “los llamados fuera” (Mr 3:13). Los discípulos de Jesús fueron llamados a salir de Jerusalén no solo para ser testigos de la buena noticia, sino para ser la buena noticia al cruzar barreras étnicas, sociales y religiosas. Del mismo modo, como discípulos modernos de Jesús, también nosotros hemos sido llamados a salir de nuestro etnocentrismo para ser sus representantes y embajadores a costa de nuestras preferencias homogéneas.[7] Por lo tanto, propongo las siguientes alternativas a los valores multiculturales de acomodación, tolerancia y coexistencia: las prácticas del reino del involucramiento, empatía y comunidad (en el sentido de lo común), que constituyen el fundamento del discipulado intercultural.[8]

el discipulado intercultural también debe influir en la forma en que sentimos y pensamos sobre la humanidad según las Escrituras, debe hacernos crecer en nuestra empatía por el otro, y debe reconciliarnos unos con otros como personas hechas a imagen de Dios.

La base bíblica del discipulado intercultural

W. Jay Moon, en Intercultural Discipleship, describe el discipulado intercultural como “el proceso de transformación de la visión del mundo por el cual los seguidores de Jesús centran sus vidas en el reino de Dios (Mt 6:33) y obedecen los mandatos de Cristo en la cultura (Mt 28:19-20), utilizando géneros culturalmente disponibles . . . [como] símbolos, rituales, proverbios, historias, danza, música y teatro».[9] El modelo de discipulado intercultural de Moon se encarna en iglesias multiculturales mediante la exhibición de banderas (símbolos), bailes mientras se diezma (rituales), canto de canciones en diferentes idiomas (música) y aprendizaje de nuestras diferentes culturas étnicas (historias). Moon afirma que la congregación que encarna el discipulado intercultural experimentará un crecimiento espiritual exponencial en la alfabetización bíblica, la agudeza teológica y las disciplinas internas y externas.

Estas apropiaciones culturales pueden aumentar la conciencia intercultural, pero en realidad pueden no estar moldeando a la congregación para que sea el pueblo intercultural de Dios. Aunque el modelo de Moon nos abre los ojos a otras formas de culto y expresiones de fe, el discipulado intercultural también debe influir en la forma en que sentimos y pensamos sobre la humanidad según las Escrituras, debe hacernos crecer en nuestra empatía por el otro, y debe reconciliarnos unos con otros como personas hechas a imagen de Dios.

Un análisis del Antiguo y al Nuevo Testamento revela que el Dios de los israelitas estuvo increíblemente involucrado en su creación y en su pueblo. En el huerto, se describe a Dios como preocupado porque Adán no tiene una pareja adecuada, por lo que crea una para él (Gn 2:18). Más tarde, la narración del Éxodo describe con detalle la promesa de Dios a Abraham de rescatar a sus descendientes de Egipto, protegerlos en el desierto y proporcionarles una tierra que puedan llamar propia. En la consagración de los sacerdotes, Dios proclama que habitará entre el pueblo de Israel y que será su Dios (Ex 29:45). El involucramiento de Dios no se limita solo a su pueblo. También ordena a su pueblo elegido, los israelitas, que muestren respeto y amor al extranjero y al residente temporal que vive entre ellos (Lv 19:33). Esta ética de misericordia contrasta con la norma de aprovecharse o explotar al extranjero y al residente temporal. Además, el extranjero debe gozar de los mismos derechos y libertades que los habitantes de la cultura anfitriona (Dt 17:9).

Por otra parte, Juan 4:1-42 resume la importancia de la empatía para crear aceptación y, en última instancia, confianza. Jesús no se atiene al protocolo aceptado, sino que cruza barreras geográficas, de género y culturales para interactuar intencionadamente con la mujer samaritana en el pozo. Este involucramiento habría convertido a Jesús en impuro y habría requerido estrictos ritos de purificación en el templo para ser “puesto en buena relación” ante Dios. La buena noticia de este relato es que Jesús se centró en la persona más que en la circunstancia y proporcionó un espacio para que ella fuera amada por Dios. De la misma manera, la iglesia debería involucrarse con los extranjeros y los residentes temporales que se encuentran entre nosotros, empatizar con sus sentimientos de rechazo y crear no solo espacios acogedores, sino espacios de pertenencia para ellos.

Churches who aspire to a kingdom-inspired intercultural ecclesiology need to also put to death their ethnocultural approaches to homily and liturgy, systemic tribalism, and fear.

Por último, para que exista un auténtico sentido de lo común en un ministerio intercultural, debemos obedecer el mandato de Jesús: “Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” (Lc 9:23-24). Celebrar la comida, el idioma y la cultura que conforman el mosaico de Canadá es maravilloso, pero las iglesias que aspiran a una eclesiología intercultural inspirada en el Reino necesitan también dar muerte a sus enfoques etnoculturales de la homilía y la liturgia, el tribalismo sistémico y el temor. Existe el temor de que nuestra herencia étnica sea olvidada o asimilada y, para proteger nuestra identidad etnocultural, nos conformamos con la coexistencia. Sin embargo, para Dios, la muerte no es el final, sino la oportunidad de que surja algo nuevo y mejor. Se logra un auténtico terreno común entre los discípulos de Jesús cuando, en el diálogo, compartimos nuestros temores y también nuestras esperanzas. Hoffsman Ospino sugiere los siguientes fundamentos para el discipulado intercultural. Dice: “Una metodología intercultural de la educación cristiana debe (1) afirmar la posibilidad del diálogo entre la fe y la(s) cultura(s); (2) reconocer que, para nosotros, ese diálogo tiene lugar y está significativamente moldeado por las exigencias de un contexto culturalmente diverso; y (3) contemplar los factores comunicativos interculturales que determinan la vitalidad y los resultados de ese diálogo”.[10]

La nueva comunidad de Dios

El gobierno, los hospitales, las escuelas y las empresas canadienses ya han incorporado el mosaico canadiense de la diversidad étnica a través de la política del multiculturalismo. Sin embargo, a diferencia de estas instituciones, la comunidad multicultural de los discípulos de Cristo no sirve simplemente para ilustrar la inclusión. Es la representación y el testimonio vivo del pueblo de Dios que, en medio de la diversidad, vive intencionadamente la unidad del reino en Jesucristo, evidenciada por nuestro compromiso de “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo” (Ef 4:5). Por lo tanto, el discipulado intercultural en el contexto multicultural canadiense se logra cuando pasamos de la acomodación al involucramiento, de la tolerancia a la empatía y de la coexistencia a la comunidad (lo común). Como nueva humanidad de Dios, estamos llamados a salir de nuestro etnocentrismo como testigos del poder de Dios para redimir y restaurar las relaciones rotas con él y con los demás en una realidad multiétnica y multiconfesional.[11]

Notas

  1. ‘Statement by the Prime Minister on the 50th anniversary of Canada’s multiculturalism policy,’ last modified on October 8, 2021, https://pm.gc.ca/en/news/statements/2021/10/08/statement-prime-minister-50th-anniversary-canadas-multiculturalism.
  2. ‘119 Years of Immigration in Canada 1900-2019,’ last modified on February 14, 2020, https://youtu.be/zgsgSEHvaQ0.
  3. Kathleen Harris, ‘Federal government plans to bring in more than 1.2M immigrants in next 3 years,’ Canadian Broadcasting Corporation, accessed on October 30, 2020, https://www.cbc.ca/news/politics/mendicino-immigration-pandemic-refugees-1.5782642.
  4. Mark Naylor, ‘Setting an Intercultural Agenda for FEBBC/Y Churches,’ accessed March 2, 2020, https://nbseminary.ca/wp-content/uploads/file/Setting%20an%20intercultural%20agenda.pdf. Naylor refers to the move towards intentionally ‘multicultural churches’ based on the eschatological vision of Revelation 5:9 and 7:9 to become a microcosm of that grand event in this age.
  5. Sam Owusu, ‘What Colour is Your God?’ presented at Symposium on Intentionally Multicultural Churches, ACTS Seminaries, Langley, BC (June 7, 2002), 3.
  6. Safwat Marzouk, Intercultural Church (Minneapolis: Fortress Press, 2019), Location 1552, Kindle Edition.
  7. 2 Corinthians 5:20.
  8. Nota del editor: Ver el artículo de Nestor Abdon “Convertirse en la ‘celda de Cristo’ para migrantes” en el número de marzo 2022 del Análisis Mundial de Lausana https://lausanne.org/es/contenido/aml/2022-03-es/convertirse-en-la-celda-de-cristo-para-migrantes
  9. W. Jay Moon, Intercultural Discipleship, (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2017), 53.
  10. Hoffsman Ospino, ‘Foundations for an Intercultural Philosophy of Christian Education’ in Religious Education, Vol. 104, Issue 3 (2009), 310-311.
  11. Nota del editor: Ver el artículo de Scott Moreau “La receta para tener un equipo multicultural saludable” en el número de marzo 2019 del Análisis Mundial de Lausana https://lausanne.org/es/contenido/aml/2019-03-es/la-receta-para-tener-un-equipo-multicultural-saludable

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Sherman Lau es el director del ministerio intercultural en Pacific Life Bible College, en Surrey, Columbia Británica, Canadá. Actualmente está cursando un doctorado en estudios interculturales en Western Seminary, en Portland, Oregón, Estados Unidos. Su objetivo vocacional es avanzar en el desarrollo y la práctica del ministerio intercultural en el contexto multicultural canadiense, discipulando a los seguidores de Jesús para que piensen y reflexionen teológicamente, crezcan interculturalmente y vivan misionalmente con audacia y gracia.