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VI (1) La Iglesia, unidad con propósito

Juan Carlos Escobar 01 Jun 2013

Estar juntos no es sinónimo de unidad, o dicho de otra manera, no quiere decir que por estar juntos necesariamente estaremos unánimes.

 

Mat 18:19  “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos”.

1. JUNTOS Y UNÁNIMES

El contexto del capítulo 18 del Evangelio de Mateo nos acerca a un escenario en el que Jesús enseña sobre el ámbito de las relaciones. Nos instruye en cuanto a no caer en las grandezas; nos insta a ser humildes como niños; nos advierte para evitar ser piedra de tropiezo para otros; nos exhorta a estar dispuestos a sufrir mutilación personal antes que mutilar al cuerpo; apela a que no menospreciemos a quienes no han alcanzado la Gracia y a hacer todo lo posible por alcanzarlos; y nos invita a reconocer el valor de la reconciliación.

Es dentro de este contexto que recibimos una propuesta que nos invita a visualizar el acuerdo como lo imprescindible para que Jesús esté en medio de nuestra congregación, es más, difícilmente somos congregación sin acuerdo.

Estar juntos no es sinónimo de unidad, o dicho de otra manera, no quiere decir que por estar juntos necesariamente estaremos unánimes. Un ejemplo claro de este principio lo vemos en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los ciento veinte, «estaban todos unánimes juntos» (Hechos 1:1). Y es que si ponemos como referencia este sencillo y poderoso texto, podemos llegar a la conclusión que han sido muchas las veces que nos hemos juntado como ministros o como Iglesia pero el Espíritu Santo no ha obrado no por falta de gente metida en una mesa de trabajo o reunida en un determinado acto, sino porque Dios no ha detectado una genuina unidad, o lo que es lo mismo, el Espíritu Santo no se movió porque no halló unanimidad.

Abundando en esta línea de pensamiento, el versículo 20 de este capítulo 18 del Evangelio de Mateo, desborda una poderosa afirmación: “porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Quiero enfatizar dos aspectos, la congregación y quién la preside. Ya he afirmado que ser congregación no es sólo estar juntos, se hace necesaria la unanimidad, pero además, la consecuencia más inmediata es que Jesús estará en medio de esa congregación. Esto es vital, necesitamos que Jesús esté en medio de nuestras convocatorias, proyectos, eventos, iniciativas, negocios, planes, campañas, cultos, vigilias, foros, debates… Jesús debe estar presente porque de lo contrario acabaremos dispersos en nuestra individualidad. Debemos ser conscientes que la primera consecuencia de la Unidad es que Jesús nos invadirá con su Gloria y, por el contrario, la primera consecuencia de nuestra falta de Unidad es la desintegración del cuerpo, por lo que Su Gloria se ausentará y vendremos a ser una alternativa religiosa más en el mundo que se verá impotente para cambiar nada porque no fuimos capaces en nostros mismos de solucionar nuestros propios problemas.

2. UNIDOS TODO ES POSIBLE

La unidad es la clave para salir de la crisis y avanzar hacia un progreso sostenido. Jesús nos está dando esa clave por medio de la frase “acerca de cualquier cosa”. En esta frase encontramos una importante llamada a la unidad con propósito. Jesús nos insta a que apuntemos hacia la misma meta, que no dispersemos nuestros esfuerzos, a no despilfarrar nuestros talentos, a focalizarnos sobre algo que nos impulse a lograr un objetivo loable y que sea acorde a nuestra razón de ser.

En este apartado cabría preguntarnos: ¿Tenemos claro en qué debemos ponernos de acuerdo? ¿Sabemos qué queremos o a dónde queremos ir? Qué razón tenía el sabio Salomón cuando afirma en Proverbios 29:18 que “sin visión el pueblo se desenfrena”. Otra versión dice: “donde no hay dirección divina no hay orden” (BHH) Claro está, leyendo este versículo de la Biblia llego a una conclusión primaria: debo estar seguro que mi objetivo, o lo que propongo para la unidad, provenga de Dios. Es vital porque de lo contrario puedo convocar una unidad basada en visión propia y provocaré división, desenfreno, desorden, desintegración. En definitiva, estamos hablando de las consecuencias de lo que emana de la imprevisión o improvisación que son actitudes aliadas del caos o de la desintegración.

El apóstol Pablo, en Filipenses 3:16 declara: Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa”. Lo que nos está proponiendo nos resulta a la Iglesia en España un verdadero desafío. En cuanto al Qué sintamos lo mismo y en cuanto al Cómo somos instados a conducirnos bajo las mismas reglas. Así que en cuanto al Qué debemos recordar que la Iglesia está para llevar a cabo la Misión. Y respecto al Cómo seguramente en forma muy diversa pero bajo el poder del Espíritu Santo que solo es posible que sea derramado cuando hay Unidad con Propósito.

3. DESAFÍOS PARA LA UNIDAD CON PROPÓSITO

En este apartado pretendo señalar algunos aspectos que resultan propios de un análisis crítico pero carente de acritud. Pretendo simplemente llamar la atención sobre aspectos que evidencian ciertas praxis necesarias de ser analizadas y, como consecuencia, llevar a cabo iniciativas que nos transporten a mejorar lo presente en cuanto a la acción de la Iglesia Evangélica en España.

EL TEMPLOCENTRISMO

Se ha hablado mucho en cuanto al localismo de muchas iglesias o denominaciones. Este enfoque ha malogrado los esfuerzos por lograr unidad en una visión translocal o universal. En definitiva la Unidad no es posible verla efectiva sin una visión de Reino, o dicho en lenguaje político, una visión de Estado y no partidista.

Las dos últimas décadas podemos ver en España una tendencia a lo que he denominado TemplocentrismoPara definirlo de alguna manera: Todo gira en torno al templo. La mega Iglesia y los ministerios de éxito se han convertido en referentes para el impulso y desarrollo de muchas iglesias y ministerios en España. Esto también tiene que ver con la emanación de la llamada “teología de la prosperidad”. Este enfoque gira entorno a una influencia empresarial y exitista del ministerio que ha hecho que muchos hayan priorizado el templo antes que al Cuerpo, al ladrillo antes que a las almas. Es más, el templo se ha convertido para muchos su máxima realización. De hecho llenar un templo ha impulsado las más devastadoras actitudes de arrogancia personal que ha traído como consecuencia que muchas iglesias hayan hipotecado sus arcas y se vean mermadas financieramente para contribuir en el impulso misionero o evangelizador.

El Templocentrismo ha generado actitudes soberbias o exhibicionistas, ha propiciado una prepotencia que ha aislado a hermosos hombres de Dios en sus proyectos personales y grandilocuentes, pero que de paso han menospreciados a los más pequeños al manifestar falta de sensibilidad hacia su realidad más humilde. Tristemente, lo cierto es que ciertas mega iglesias en vez de convertirse en un foco de admiración e inspiración para los menos agraciados en tamaño han venido a ser un foco de conflicto por resultar una amenaza a su integridad institucional y vital.

LA EVENTOLITIS

Es una alusión a la fiebre existente en un sector del liderazgo por el impulso de ciertos eventos que se han convertido en una verdadera obsesión. El evento por el evento es otro de los despropósitos que más frustración ha ocasionado en la Iglesia de España. Muchos de los eventos anunciados o promovidos en nuestro país han sido la excusa para incentivar la unidad. Una unidad que en muchas ocasiones se ha solicitado para relleno o el engorde de una determinada ambición. Esta ambición se detecta cuando acompañando a ciertos lemas, se dicen o se leen frases que aluden a la numerología o al logro de hacer lo que antes nadie hizo, o dicho de otra manera, ¡¡a ver quién la hace más gorda!!

Es triste llegar a la conclusión de que muchos de los eventos que se han hecho en nombre de la unidad o para la unidad se han convertido en un foco de distracción, si bien hasta podría afirmar que han sido verdaderos despropósitos. Me preocupan los excesos en torno a ciertos honorarios para los oradores, músicos o cantantes, me asusta el gasto invertido en equipos de sonido, en los alquileres de ciertas infraestructuras… y sobre todo me asusta más cuando pienso que eso se paga con la inversión de quienes están dispuestos a viajar de una punta del país a otra para recibir, pero luego son miserables en la inversión para una campaña de evangelización. Es más, no me siento muy orgulloso en pensar que las campañas más multitudinarias de nuestro país nos las han tenido que costear en gran medida con dinero exterior.

Debemos tomar ciertos pasos de corrección. Pensar que debemos unir a la Iglesia para un evento es un error. Buscar completar un gran cartel y no cumplir la misión es un grave error que nos llevará a la frustración. Personalmente, he sido partícipe de eventos que me ha tocado organizar. Sin embargo, siempre he mantenido unas pautas bien claras en las que me he mantenido con firmeza: El evento debe nacer en el altar para asegurar el enfoque y la motivación correcta; el evento debe servir para promover la unidad de la Iglesia; el evento ha de contribuir a cumplir la Gran Comisión; el evento deber apoyar y ministrar al liderazgo; y, por último, el evento debe contribuir a un despertar espiritual.

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Algunos medios de comunicación cristianos, especialmente la televisión, son un verdadero reflejo de un enfoque equivocado. Asistimos a un escenario en el que las pantallas de las llamadas televisiones cristianas se han convertido en un medio de promoción no del Evangelio, sino de determinados ministerios.
Qué nocivo resulta que ciertos ministerios aterricen en nuestro país o emerjan desde nuestra propia nación con vista a satisfacer sus propias expectativas de influencia, crecimiento o expansión. No resulta agradable observar como se pagan los favores de Dios, o como se recompensan a los profetas lisonjeros esquilmando a quienes con una sincera expectativa aportan sus ofrendas en detrimento de sus propias economías familiares o de sus propias iglesias locales.

Estoy seguro que la televisión o cualquier medio de comunicación debiera ser un punto de encuentro para proclamar el mensaje de Jesucristo y proyectar una imagen representativa de la Iglesia en España. Es cierto que resulta difícil conformar una imagen que unifique la pluralidad doctrinal y de estilos que conforman la Iglesia evangélica española. Sin embargo, lo que sí es posible es trabajar juntos por unir esfuerzos y recursos para lograr que se proyecte el mensaje de La Iglesia y no de una determinada iglesia. Juntos podemos impulsar el protagonismo de Jesús y evitar que los personalismos distorsionen la imagen que debemos dar por las pantallas acerca de Jesús y de Su Evangelio.

Tengo la certeza de que se nos abre un tiempo de oportunidad para ver emerger iniciativas en televisión con un enfoque correcto que apunte a satisfacer la necesidad de la gente y por medio de la misma puedan conocer la respuesta a sus vidas. Creo que es posible una televisión impulsada por convicciones que contribuyan a la unidad de la Iglesia y dignifique al pueblo evangélico en España.

LA INMIGRACIÓN OPORTUNIDAD A RENTABILIZAR

Sin duda la Inmigración se ha convertido en un verdadero desafío para la unidad del cuerpo de Cristo en España. Por un lado hemos podido ver cómo el flujo migratorio en la Iglesia española ha contribuido a la influencia social, en riqueza cultural, en número de creyentes y en mayor poder adquisitivo. Sin embargo, en otro sentido, la Inmigración ha supuesto un verdadero desafío a la capacidad integradora de tanto aquellos que llegan como los que reciben. Este último aspecto ha sido determinante para probar el valor de la familia de la fe por cuando ha puesto en evidencia la capacidad de amar al otro, es decir, al que es diferente, o extraño, aún cuando comparte la misma esperanza.

Otro aspecto importante, es que la Inmigración ha generado el fenómeno de la proliferación de la Iglesia Chiringuito. Este fenómeno no pretende ser en absoluto peyorativo, sino que enfatiza la realidad del surgimiento de comunidades cristianas con estructuras internas poco firmes, de lugares de culto con dudosa legalidad, dirigidas por ministerios poco formados, nutridas de cristianos transeúntes que buscan comidas rápidas y que promueven mucha fiesta, que resultan en proyectos efervescentes y que acaban afectando o comprometiendo el testimonio de la Iglesia en general.

Otro aspecto de la Inmigración al que quiero referirme es la formación lógica de las Iglesias Étnicas. Este aspecto tiene una doble vertiente. Por un lado estas iglesias son resultado de la marginación que ha provocado el rechazo social y, por otro, la falta de integración por parte de los creyentes y ministerios provenientes de otros países. En este sentido, cabe señalar que si bien estas iglesias son propensas a ser implantadas con facilidad y a ver llenados sus locales con cierto éxito, sin embargo, no trascienden socialmente porque los componentes de dichas iglesias no se relacionan o no evangelizan a quienes no son compatriotas suyos o son parte de su comunidad. Por tanto, vienen a convertirse en “iglesias gueto” con lo que eso conlleva en cuanto a reconocimiento, influencia e integración.

Las Iglesias Étnicas también son producto de situaciones que se han generado por parte de quienes, siendo fundadores o promotores de las mismas, provienen de iglesias en cuyos países han crecido considerablemente hasta llegar a caer en la autosuficiencia que les llevará a prescindir del favor o la orientación de la Obra Nacional, por lo que llegarán a provocar un ambiente confuso o cuanto menos extraño, no sólo en el ámbito social, sino en el propio entorno evangélico. Por tanto, no favorecen la unidad.

Con todo, me quedo con el énfasis en ver la Inmigración como parte del plan divino para enriquecer a la Iglesia Evangélica en España en aspectos tales como la diversidad, la amplitud de visión, la capacidad de integración, la sensibilización a otras realidades y a ser más objetivos al reconocer nuestras carencias comprobando las valías de otras culturas que al mestizarse con la nuestra ha dado a luz un renovado concepto de Iglesia española.

LA OPORTUNIDAD DE LA CRISIS

Si algo ha evidenciado la crisis es el fracaso total del enfoque consumista. Si bien mencionaba anteriormente el aspecto de lo que he denominado templocentrismo, no está lejos la crisis de ser resultado de una consecuencia propia del espíritu que emana de este concepto. Por consiguiente, el templocentrismo apunta a ofrecer un producto propio de una sociedad consumista, exitista y muy emocional de forma que, podemos decir, la crisis viene a evidenciar los mismos valores que impulsaron ciertos proyectos alejados de los fundamentos apostólicos de la Iglesia. De manera que, cabría señalar, la crisis global que atravesamos nos invita a revisar la forma en que nos hemos administrado ya que, muy probablemente, esta revisión nos lleve a la conclusión de haber marginado la Misión frente a todo lo que ha significado satisfacer nuestro consumo evangelical.

Con todo, tengo la total certeza de que si algo viene a promover esta crisis es la necesidad de redescubrir nuestro ADN que siempre está listo para abordar los peores momentos de la Historia para convertirlos en los mejores momentos de la Iglesia. No olvidemos que la Iglesia fue concebida para ocupar los espacios hostiles, para promover la restauración de la unidad familiar, a sanar las relaciones interpersonales y a, sobre todo, reconciliarnos con ese Dios que es Uno y que busca que nosotros también lo seamos como Iglesia. Más que nunca estamos ante un escenario propicio para emerger del anonimato o de las cenizas de la marginación social.

Tenemos como Iglesia española muchas oportunidades para ser verdaderos protagonistas de cambios basados en tres fundamentos: 1) Mejorar la administración de nuestros recursos priorizando y potenciando la evangelización como objeto de nuestra unidad de propósito. 2) Si bien Europa busca sobrevivir y crecer por medio de la unidad, nosotros no podemos ser menos ante una oportunidad como la que enfrentamos. Es tiempo de entender que la verdadera crisis de nuestra nación es espiritual y que sin una Iglesia unida la Gloria de Dios se resistirá. 3) Es el momento de impulsar estrategias que nos ayuden a sintonizar con la nueva realidad de España. No debemos conformarnos con juntar gente. Hagamos esfuerzos en pro de llevar a cabo estrategias sensibilizadoras y trascendentes. La necesidad de nuestro país es tan basta que no podemos pensar que desde una iglesia o ministerio se pueda decir lo que tantas veces decimos “ganar España”.

CONCLUSIÓN

Tengo la total certeza que estamos ante un escenario de oportunidad como nunca antes España lo ha tenido para que Dios manifieste su Gloria en medio de una sociedad abocada al quebranto fruto del fracaso de la búsqueda del llamado estado de bienestar.

La gente de España está lista para una alternativa espiritual frente a lo que por tanto tiempo ha venido dominando la nación. Pero, desde luego, debemos proponernos buscar como Iglesia en oración proyectos que nos propicien la Unidad con Propósito redentor. Por consiguiente, es decir, procuremos encontrar en la Unidad una motivación que supere nuestras expectativas personales y nos envuelva en una visión de Reino.

Finalmente, cabe decir que de todo lo expuesto, solo cabe enfatizar la prioridad de una vida de oración. No hay actividad que más unifique que la oración en el Altar. Sin duda, buscando el rostro del Señor ahí detectaremos que si hay algo que me separa del hermano, el Espíritu Santo me impulsará a buscar la unidad y a cancelar toda deuda que pudiera obstruir el fluir del Cielo en la Tierra y es que, precisamente, si para algo buscamos unirnos es para orar y pedir que el Cielo invada la Tierra.

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