En la década de 1880, las plantaciones de azúcar en Australia reclutaron a hombres jóvenes de las Islas Salomón para trabajar en sus tejidos de caña. El trabajo fue difícil y las condiciones duras, y la mayoría de los trabajadores regresaron a casa cuando terminaron sus contratos de dos años. Mientras tanto, y en gran medida gracias a los esfuerzos de Florence Young y la Misión Kanaka de Queensland que ella organizó en la plantación de su familia, los isleños conocieron el evangelio.
Samson Maeniuta fue uno de esos jóvenes. Entregó su vida a Cristo y llevó consigo el evangelio cuando regresó a las Islas Salomón. En 1892, fundó una escuela bíblica para alentar a sus compatriotas isleños a seguir a Jesús. El esfuerzo produjo un alejamiento de su familia, que prefirió continuar con su religión tradicional de culto a los antepasados. Sin embargo, Maeniuta perseveró. El movimiento de formación de discípulos que él y otros trabajadores de la caña de azúcar llevaron desde Queensland se conoce hoy como la Iglesia Evangélica de los Mares del Sur. Uno de cada cinco residentes de las Islas Salomón es miembro.

Esta historia de Dios, que utilizó las oportunidades económicas, la migración laboral y el testimonio fiel para extender su reino, se desarrolló en Oceanía. Oceanía, la menos poblada de las seis regiones continentales habitadas de la Tierra, se compone por Australia, Nueva Zelanda y 5.100 islas en el océano Pacífico.
Líderes cristianos de Oceanía se reunieron en el Cuarto Congreso de Lausana, celebrado en Corea del Sur en septiembre de 2024, para explorar formas de extender el avance del evangelio en su región. Un tema central de la discusión fue las “brechas de la Gran Comisión”. Esto significa los lugares, grupos de personas y espacios sociales donde el evangelio aún no ha entrado.
Los líderes se preguntaron sobre cuáles son los obstáculos más grandes que enfrentan para cumplir el mandamiento de Jesús de hacer discípulos. Identificaron grandes impedimentos como las diferencias entre generaciones, una crisis de discipulado en las iglesias existentes, la complacencia, la falta de unidad y la resistencia a la colaboración.
Estos obstáculos pueden existir en otros continentes donde los seguidores de Jesús luchan con el llamado a llevar el evangelio a los no alcanzados. Pero cuando se trata de navegar las brechas de la Gran Comisión en Oceanía, un gran obstáculo que debe superarse es la geografía. Esto se debe a que, como su nombre lo indica, Oceanía es en su mayor parte, un océano.

Aparte de la subregión Australasia, Oceanía está formada por los grupos de islas de Micronesia, Melanesia y Polinesia. Las tres regiones ocupan una superficie del Pacífico mayor a la del continente de Sud América, pero su población total fácilmente podría entrar en la ciudad de Buenos Aires.
A pesar de las vastas extensiones del mar que los separan y no obstante los siglos de poco o ningún contacto directo, los habitantes de las islas del Pacífico comparten muchos rasgos culturales comunes. En ningún lugar es más evidente este fenómeno que en Rapa Nui, el límite oriental de la Polinesia.
También conocida como Isla de Pascua, el archipiélago de 163 Km2 se ha convertido en un destino turístico de renombre mundial, debido a los cientos de enormes esculturas de piedra llamadas Moái que se encuentran allí. Rapa Nui está tan lejos de cualquier otro lugar del planeta que fue el último lugar en ser habitada por seres humanos. Eso ocurrió alrededor del año 1200 d.C., según los arqueólogos. Y aunque la isla ha sido parte de Chile durante más de un siglo, los rapanui se sienten más cercanos a los maoríes que viven a 7.000 kilómetros de distancia en Nueva Zelanda, y a sus primos hawaianos, a 7.400 kilómetros al norte.
Rapa Nui está tan lejos de cualquier otro lugar del planeta que fue el último lugar en ser habitada por seres humanos. Eso ocurrió alrededor del año 1200 d.C., según los arqueólogos.
Alejandro Torres, pastor veterano de una congregación evangélica multiétnica en Rapa Nui, afirma que debe tomarse en cuenta esos lazos de parentesco para emprender colaboraciones para llenar brechas en la Gran Comisión.
“Las personas de la etnia rapanui reciben mejor la Palabra de Dios cuando vienen cristianos de la Polinesia, como Hawái, Nueva Zelanda o Tahití,” dijo. “Con nosotros, los chilenos, no tienen acercamiento (cultural).”[1]
Esto no implica que la puerta a la colaboración con los cristianos rapanui esté cerrada a extranjeros. De hecho, Torres enfatiza que los visitantes deben planificar estadías prolongadas para entablar relaciones con los aproximadamente 120 isleños que se han convertido en seguidores de Jesús.
Un paso importante para hacer discípulos entre los rapanui ha sido la traducción del Nuevo Testamento a su idioma. Robert y Nancy Weaver, traductores de Wycliffe, trabajaron en la isla durante 40 años para aprender el idioma y traducir las Escrituras. Como sucede con la mayoría de los proyectos de traducción bíblica, los Weaver desarrollaron estrechas relaciones con sus informantes lingüísticos, quienes eventualmente aceptaron a Cristo y ayudaron a fundar la iglesia rapanui.

Según Julian Dunham, Codirector Regional para Oceanía del Movimiento Lausana, la traducción de la Biblia ha sido históricamente uno de los proyectos más exitosos de colaboración entre cristianos en Oceanía: “Las Sociedades Bíblicas vienen liderando este (esfuerzo), pero hay que reconocer que no han controlado ni monopolizado la colaboración”, afirmó. “Todas las partes se han sentido empoderadas y dispuestas a contribuir”.[2]
Parece que el Congreso de Lausana ha despertado el interés por hacer discípulos también. Edgar Pollard, bisnieto de Samson Maeniuta, tiene la visión de movilizar a los residentes de las Islas Salomón para que hagan discípulos, tanto en su país como en otros de Oceanía.
Edgar Pollard, bisnieto de Samson Maeniuta, tiene la visión de movilizar a los residentes de las Islas Salomón para que hagan discípulos, tanto en su país como en otros de Oceanía.
“Como isleños, hemos gozado de las bendiciones de este hermoso evangelio durante aproximadamente 100 años. Ahora debemos poner un mayor énfasis en formar parte de la misión de alcanzar a los no alcanzados”, dijo.
“A veces nos sentimos como en los confines de la tierra, aislados y desconectados, sin conocimiento de cómo se está difundiendo el evangelio en el resto del mundo. En cierto modo, no estamos al día con las últimas herramientas y formas de hacer discípulos. La iglesia mundial ha explorado muchas herramientas y contenidos que podrían beneficiar enormemente a las islas”.[3]
Dunham considera que la tecnología en la era digital proporciona herramientas para llenar vacíos como estos en la Gran Comisión. “Los habitantes de Oceanía son pioneros en la adopción de la tecnología, por lo que no solo la utilizaremos en colaboraciones, sino que también seremos colaboradores clave en la innovación digital para la misión. Las colaboraciones que ya están surgiendo se encuentran en áreas que fácilmente cruzan las divisiones culturales, como los ministerios en el lugar de trabajo y en el deporte”, agregó.
Dunham considera que la tecnología en la era digital proporciona herramientas para llenar brechas como las que se identifican en la Gran Comisión. “Los pueblos de Oceanía son pioneros en la adopción de la tecnología, por lo que no solo la utilizaremos en colaboraciones, sino que también seremos colaboradores clave en la innovación digital para la misión. Las colaboraciones que ya están surgiendo se encuentran en áreas que fácilmente cruzan las divisiones culturales, como en el ámbito laboral y el evangelismo a través del deporte”, agregó.
En sus discusiones en el Congreso de Lausana, los participantes se dieron cuenta de que, más que cualquier otra iniciativa, la diligente oración y el arrepentimiento son los primeros pasos para llenar las brechas de la Gran Comisión en Oceanía.
“El avivamiento siempre y en todo el mundo es precedido por líderes y creyentes humillándose, arrepintiéndose del pecado y buscando a Dios en oración”, concluyeron en una declaración conjunta. “Nos involucraremos con los movimientos de oración que ya están en marcha y promoveremos otros nuevos, especialmente en las iglesias y en el ámbito laboral. Llamaremos con valentía a las iglesias a unirse en oración por el avivamiento”.
A medida que los seguidores de Jesús en Oceanía cumplen su promesa de orar, buscar a Dios y colaborar unos con otros para llenar las brechas en la Gran Comisión, es posible imaginar el desarrollo de varias otras historias como la saga de los hombres jóvenes de las Islas Salomón que se convirtieron de trabajadores de la caña de azúcar en plantadores de iglesias.
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Image from biblesociety.org.au
Endnotes
- Citado de mensajes personales al autor.
- Citado de mensajes personales al autor
- De una entrevista personal con el autor en el Cuarto Congreso de Lausana, septiembre de 2024