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En su libro Center Church, Tim Keller plantea esta premisa: “Un tema más bíblico para la evaluación ministerial que el éxito o la fidelidad es la fecundidad”.

¿Cómo podemos, como comunidad de líderes, lograr la máxima fecundidad durante la próxima década en nuestras respectivas ciudades, comunidades e iglesias? Después de vivir en la ciudad de Nueva York durante 35 años, tanto como estudiante como residente, me he dado cuenta de cinco principios que nos ayudarán en los próximos diez años a lograr el tipo de fecundidad que anhelamos ver.

Principio nro. 1: Para amar tu ciudad, debes conocerla

En mi análisis en más de treinta contextos de ciudades a nivel mundial, he encontrado que el líder promedio de la iglesia promedio tiene poca idea de las realidades de su propia ciudad. Pocos líderes comprenden las macrotendencias de sus ciudades en cuanto a demografía, socioeconomía, población de la iglesia y otras tendencias importantes.

¿Por qué es importante? Porque las personas solo pueden amar lo que conocen. Cuanto más sepamos sobre nuestro pasado, más nos preocuparemos por nuestro futuro. Una buena investigación obliga a actuar.

Cuanto más sepamos sobre nuestro pasado, más nos preocuparemos por nuestro futuro. Una buena investigación obliga a actuar.

Todo movimiento necesita una “estrella del norte”, una visión que represente cómo será una década de esfuerzos fructíferos. En 2009, NYCLC declaró nuestro compromiso con City to City de Keller para plantar 100 nuevas iglesias en Manhattan, capacitar a 20.000 líderes y establecer el Día de Movimiento en 2010. En 2016, solo siete años después, se habían plantado las primeras 60 iglesias, 26.000 líderes habían sido capacitados y líderes de 400 ciudades habían participado en el Día de Movimiento. Todo esto nació de la investigación de 2009. La investigación es importante. La medición es importante. Si quieres impactar tu ciudad o comunidad, invierte el tiempo necesario para conocerla.

Principio nro. 2: La iglesia necesita una unidad tenaz

¿Qué es un movimiento del evangelio? Un movimiento del evangelio tiene lugar cuando el crecimiento del cristianismo aumenta más rápido que el de la población en general, cuando vemos un progreso medible con relación a los problemas sociales y cuando los líderes cristianos llegan a posiciones de influencia cultural. ¿Qué precede a un movimiento del evangelio? Una comunidad de líderes, agencias e iglesias. ¿Qué precede a la formación de esta comunidad? La unidad. Pero no cualquier tipo de unidad, no la unidad de sentirse bien y cantar “Kumbaya” alrededor de nuestras fogatas en el campamento de la iglesia. Es una unidad tenaz.

Por unidad tenaz, nos referimos al tipo de unidad de la que Pablo escribió en Efesios 4:3: “Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz” (énfasis añadido). Para promover la unidad en el primer siglo, Pablo recaudó dinero de cristianos gentiles para apoyar a la comunidad cristiana judía en Jerusalén.

Pero ¿por qué es necesaria una unidad tenaz para la transformación de una comunidad y, en última instancia, para un movimiento del evangelio? Porque la unidad de la iglesia que se expresa en la misión debe ser la que impulsa todo lo demás que hacemos en el testimonio público. La unidad de la iglesia ocupaba un lugar primordial en la mente de Jesús menos de veinticuatro horas antes de morir, mientras hacía su extraordinaria oración en Juan 17. Jesús vinculó los temas de la gloria de Dios y nuestra misión con el tema de nuestra unidad en él.

Una iglesia unida es la más poderosa apologética para un evangelio creíble.

La división en la iglesia genera ateísmo en el mundo. La unidad de la iglesia exhala el aroma de la fe. Una iglesia unida es la más poderosa apologética para un evangelio creíble. Nuestra unidad trasciende nuestra etnia, nuestra geografía, nuestro género y nuestra generación. Los líderes eficaces están dispuestos a vivir y morir en la colina de la unidad visible en su ciudad. No se trata de una unidad melosa, sino una unidad que requiere tenacidad.

La unidad tenaz fomenta el acuerdo necesario entre líderes para lograr resultados notables, porque luchamos por la unidad. Jesús tenía una visión elevada del acuerdo. Dijo que cuando dos o tres se ponen de acuerdo en su nombre, pueden hacer cualquier cosa (Mateo 18:19). Para nosotros, si queremos ver un movimiento del evangelio durante nuestra vida en nuestras ciudades y comunidades, debemos ponernos de acuerdo, debemos buscar la unidad tenaz.

Principio nro. 3: La oración no es una opción

La historia del avivamiento en la Biblia y en la era moderna nos ha enseñado que siempre que Dios se dispone a hacer algo, pone a su pueblo a orar junto. Una de las grandes verdades de la Biblia es que varios orantes del Antiguo Testamento (Nehemías, Ana y Salomón) nos enseñan que Dios dio a su pueblo las palabras mismas para orar.

En 1 Samuel 1, leemos que Ana anhelaba un hijo. Dios necesitaba un líder que guiara a la nación. Ana oró para que Dios se acordara de ella dándole un hijo y juró devolvérselo al Señor todos los días de su vida. 1 Samuel 1:19 dice que “el Señor se acordó de ella”. Respondió específicamente a las peticiones que ella hizo. Esto sugiere que el gran acto de orar es iniciado por Dios. Él nos invita a entrar en el misterio cósmico de cómo él actúa en el mundo en la oración personal y colectiva.

Principio nro. 4: La colaboración estratégica producirá una mayor fecundidad

La colaboración es la expresión pragmática de la unidad. Cuando Tim Keller y yo empezamos a trabajar juntos en 2003, unimos la experiencia de City to City en la plantación de iglesias con nuestra experiencia en la convocatoria de diversos actores. El resultado se manifestó en la pasión y la sinergia que recibieron miles de líderes al ser atraídos por una idea convincente y bien ejecutada. Al considerar lo que significa ser más fructífero en tu contexto, unir tu visión con las visiones de otros creará una fecundidad colaborativa.

Principio nro. 5: Tenemos que empezar por fundamentos familiares

Si queremos que nuestras ciudades experimenten la realidad del evangelio, tenemos que empezar por nosotros mismos y nuestras familias. Queremos que lo que hablemos en público sea verdad acerca de nosotros en privado. Como abuelo de cinco nietos, estoy más convencido que nunca de que debemos vivir los valores del evangelio en nuestros hogares, porque es allí donde estamos llamados a ejemplificar la fidelidad, el sacrificio, la generosidad y el perdón.

La mayor crisis que enfrentan nuestros hogares en las ciudades y en la cultura es la falta de padres. Tenemos que ser padres y madres eficaces para nuestros hijos y nietos. Allí donde la falta de padres está generalizada, la iglesia, y especialmente los hombres, deben llenar ese vacío para la próxima generación.

Debemos recordar que todo está enraizado en el evangelio. En el evangelio vemos que Jesús vino a vivir la vida que debemos vivir, vino a morir la muerte que merecemos y, en su muerte, dio muerte a la muerte. Todo nuestro esfuerzo está orientado a hacer que el evangelio se profundice en nuestras vidas, crezca en nuestras iglesias y eche raíces en las vidas de los demás en nuestras ciudades.

Servimos a un Dios grande. Y él nos está llamando a dar un paso adelante, a mover cielo y tierra, y a hacer que esta próxima década cuente. Tú tienes un papel importante que desempeñar. La eternidad pende de un hilo. Cada persona es importante. Cada vida es sagrada. Todos son portadores de la imago Dei. Multitudes, ahora más que nunca, viven al borde de la supervivencia y al borde de la eternidad. Tu fidelidad —y tu fecundidad— son importantes.

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Nota del editor: Este artículo es un extracto editado del último libro de Mac Pier, New York Disrupted. Al contar la historia del movimiento de Dios en la ciudad de Nueva York a través de los siglos, Mac ofrece a los lectores inspiración y sabiduría prácticas que pueden aplicarse al ministerio en todas las grandes ciudades del mundo. Descarga ahora tu copia gratuita en inglés en PDF.

Mac Pier es el fundador de Movement.Org. Fue fundamental en la creación de la conferencia Día de Movimiento, que ha convocado a 40.000 líderes de 400 ciudades. Mac es también el co-catalizador de Ciudades en el Movimiento de Lausana. Ha escrito numerosos libros, entre ellos A Disruptive Gospel y A Disruptive God. Él y su esposa Marya tienen tres hijos y cinco nietos.

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