Se podría decir que los cristianos de todo el mundo tienen una cosa en común además de Jesús: el café. Pero ¿con qué frecuencia pensamos en el origen de nuestro café?

La triste verdad sobre el café es que está sumido en una larga historia de injusticia, pobreza y explotación, una historia que continúa desarrollándose hoy. Pero personas como Gloria Katusiime y Cody Lorance están en la vanguardia de lo que ven como una apasionante oportunidad misional.

Katusiime y Lorance son copropietarios de Endiro Coffee, una operación “del árbol a la taza” cuya asociación comprometida y radical con una aldea de agricultores de café en Uganda ha producido la transformación de la comunidad y el impacto del evangelio. En medio de la injusticia y la desesperación, reflejan el corazón de amor y justicia de Dios. Es un excelente ejemplo de la misión contextualizada en acción.

“El cinturón del café, donde se cultiva la mayor parte del café del mundo, se superpone considerablemente con la ventana 10/40, donde vive la mayoría de los pueblos no alcanzados del mundo”, dice Lorance. Estar en la industria del café es codearse con la pobreza, la enfermedad, la violencia, la trata y otras formas de opresión. Para el cristiano, “la proximidad da paso a la presencia intencional, a la encarnación y, por lo tanto, al compromiso y asociación estratégicos en aras de la transformación del Reino”.[1]

¿Y si el café fuera la clave para llegar a los más vulnerables?

Una asociación nacida en Ciudad del Cabo 2010

Gloria Katusiime conoció a Cody Lorance en el Tercer Congreso de Lausana para la Evangelización Mundial, en 2010, en Ciudad del Cabo, donde descubrieron una pasión compartida no por el café, sino por la misión contextualizada entre los nepaleses. Katusiime, entonces misionera en Nepal, se contactó con Lorance, que estaba pastoreando a refugiados nepaleses en el área de Chicago, después de leer los trabajos que había escrito para el congreso. Al final del encuentro, ambos decidieron seguir la tradición nepalí adoptando al otro como hermano no oficial, intuyendo que el futuro podría deparar algún tipo de asociación entre ellos.

Sin embargo, esta asociación no iba a ser sobre Nepal. Katusiime regresó a su país natal, Uganda, después de Ciudad del Cabo 2010, donde abrió una cafetería en Kampala al año siguiente, un esfuerzo sorprendente pero divinamente orquestado, ya que ni siquiera le gustaba el café en ese momento. Su verdadera pasión era usar la cafetería, a la que llamó Endiro, para sustentar a huérfanos y a jóvenes adultos que habían crecido como niños vulnerables. Según la UNICEF, el 65% de los niños de Uganda están clasificados como “huérfanos u otros niños vulnerables”. [2]

La palabra endiro en ugandés significa “cesta de alimentos”. Aunque cada persona puede tener su propio plato, se reúnen alrededor de una endiro para compartir comunitariamente la comida principal de mijo. Si uno quiere hacer un regalo valioso en Uganda, regala una endiro. Significa comunidad, compañerismo y dar lo mejor de uno mismo. Estos son los valores que Katusiime estableció desde el principio.

Dos años después de abrir Endiro, Lorance, que había seguido la trayectoria de Katusiime desde Ciudad del Cabo, viajó a Etiopía y Uganda como parte de un muy necesario año sabático del ministerio. Se encontró en la cafetería de Katusiime con planes de leer un libro grande y relajarse. Pero a través de algunos percances con sus pedidos de huevos, comenzó a sentirse inesperadamente llamado a Endiro. Al final de ese día en Kampala, Katusiime y Lorance se quedaron despiertos hasta tarde hablando de las distintas posibilidades. Escribieron un pacto en la hoja de un cuaderno, y de ahí en más Lorance se convirtió en socio de Katusiime.

Transformación a través de auténtico café de comercio justo

El café es el principal producto de exportación de Uganda, y el país ocupa el octavo lugar en el mundo en producción de café. Pero en 2015, solo el 4% del café producido en el país se consideraba de comercio justo.[3] Aun este diminuto porcentaje de café de comercio justo en Uganda no era realmente justo, como Katusiime y Lorance pronto se dieron cuenta. Descubrieron que los intermediarios, llamados “coyotes”, compraban café a los agricultores a precios muy bajos y luego llevaban ese café a los centros de recolección, apropiándose del precio más alto por ser de comercio justo.

“Nos dimos cuenta de que la mayor parte del café de comercio justo que vendíamos en nuestras tiendas en realidad explotaba a la gente”, dice Lorance.

Esta explotación no era solo actual, sino histórica. Como dijo Lorance en un artículo de 2015, “El café no solo ha ocupado un asiento en primera fila de algunas de las mayores injusticias de la historia, sino que la industria en su conjunto continúa haciendo mucho para perpetuar los mismos males sistémicos”.

Continúa: “Lo que está claro para mí es que la mejor manera de abordar las injusticias perpetuadas o ignoradas por la industria del café es transformar radicalmente la forma en que se hacen los negocios”.

Lorance y Katusiime comenzaron a repensar cuidadosamente cada proceso y sistema dentro de su negocio con el objetivo principal de restaurar la justicia, aplicando sus antecedentes en misiones contextualizadas para hacer la difícil pero esencial pregunta: ¿Qué aspecto tiene el amor del evangelio en el cinturón del café?

Lo primero que hicieron fue comprometerse a comprar café directamente a un grupo de 200 caficultores, todas mujeres, en su mayoría menores de 30 años, en una aldea llamada Bukalasi. “Elegimos trabajar con mujeres porque en Uganda las mujeres son las principales fuentes de ingresos”, dice Katusiime. “Estadísticamente, estas mujeres reingresan el 90% de sus ingresos a la comunidad, gastándolos en cosas como vivienda y comida, y para sus hijos”.

Endiro paga entre un 25 y un 30% más que otras empresas cafeteras, lo que convierte a sus agricultores en los caficultores mejor pagados del país, con un precio que Lorance y Katusiime dicen que es simplemente justo por el trabajo duro y los granos superiores. A lo largo de los años, también han visto aumentar drásticamente el volumen total de la producción de café, debido en gran parte a la mejora de las prácticas de sostenibilidad como la introducción de colmenas de abejas en la biosfera de la granja.

Los salarios más altos y la mejora de la producción han aumentado el ingreso familiar promedio de menos de 100 USD a 600 USD al año. Con el dinero extra, los agricultores han podido comprar vacas, construir una clínica médica y comenzar una escuela para niños. La violencia doméstica también ha disminuido significativamente. Todo esto ha ayudado a disminuir drásticamente la vulnerabilidad infantil en Bukalasi.

“Supongo que Endiro podría atribuirse el mérito de todo este cambio. Pero, en realidad, solo les estamos pagando lo justo por todo su duro trabajo”, dice Katusiime, enfatizando que los agricultores son sus socios y amigos, no su proyecto de caridad. Lorance menciona que cada año, los agricultores y los gerentes del Endiro se reúnen en una animada discusión para determinar los precios del café del año. Katusiime y Lorance hablan de los agricultores como si estuvieran hablando de amigos de toda la vida, porque lo son.

“Queremos que los agricultores experimenten la generosidad. Han experimentado la explotación desde el principio y se les paga muy poco por lo que hacen”, continúa Katusiime. “Dios nos ha llamado a hacer las cosas de manera diferente. Cuando los agricultores preguntan: ‘¿Por qué nos pagan precios más altos?’ decimos: ‘Es lo que Jesús haría’”.

No es de extrañar que el evangelio haya crecido orgánicamente en Bukalasi también. Muchas de las mujeres de la cooperativa no solo son agricultoras, sino evangelistas que van a otros pueblos a compartir las buenas nuevas de Cristo. “No les dijimos que lo hicieran”, dice Lorance. “Simplemente lo hacen”.

Al día de hoy, Endiro utiliza sus ganancias ­—incluso manteniendo bajos los salarios de los ejecutivos— para asociarse con quienes trabajan para terminar con la vulnerabilidad infantil. Muchos de los empleados de sus 10 centros en Uganda crecieron en situaciones vulnerables, y tienen dificultades para encontrar trabajo en otros lugares. Además de Bukalasi, Endiro se ha asociado más recientemente con una aldea llamada Mattaya, donde se está produciendo una transformación similar. También han abierto un próspero local en Aurora, Illinois (EE.UU.), la ciudad natal de Lorance, a través del cual muchos más se están informando, celebrando y uniéndose a la visión de Endiro para acabar con la vulnerabilidad infantil.

Endiro Coffee – Our Story from Endiro Coffee on Vimeo.

Como dice en el reverso de cada bolsa de café Endiro, cada vez que uno toma un sorbo de café hecho por los agricultores de Bukalasi, “usted se ha convertido en parte de la historia de transformación de ellos, pero ellos también se han convertido en parte de la suya”. Café, colmenas de abejas, niños vulnerables, agricultores; Nepal, Ciudad del Cabo, Bukalasi, Aurora, el reino de Dios. Todos ellos están vitalmente conectados en la historia de Katusiime y Lorance, una biosfera única de misión contextualizada en acción. Y todos los que escuchan su historia se han convertido en parte de esa biosfera también.

Créditos de las fotos: Endiro Coffee

 

Sara Kyoungah White es la Editora de Comunicaciones del Movimiento de Lausana. Vive actualmente en Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos.

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